domingo, 11 de febrero de 2007

Seminario el 24 y 25 de febrero.

Hola a tod@s, quedan dos semanas para que nos volvamos a ver e imagino que estáis haciendo unos proyectos verdaderamente fantásticos. Tan sólo quería animaros a que los acabéis pues, estoy convencido que es una excelente oportunidad, tanto por la posibilidad de presentarlos y discutirlos conjuntamente el 24 y el 25, como el que el CGAC los publique.

En el Blog he colgado dos textos que creo os pueden servir. A mi me parecen interesante que los leáis. Asimismo, es un canal estupendo para cambiar opiniones, dudas o interrogantes. No os cortéis y a ver si le damos un empujón al proyecto y conseguimos un verdadero SANTIAGO MÚLTIPLE.

Abrazos para tod@s y ánimo.

Jose Miguel G. Cortés.

martes, 6 de febrero de 2007

Ayuda!?!

Hola a tod@s!
A pesar de las pocas veces que me puedo conectar, veo que no hay apenas comenatarios de proyectos o siquiera discusiones sobre ideas...
Yo por mi parte me ha coincidido en una época un poco liada/liosa, pero creo que tengo la voluntad de cambiar mi ánimo para intentar hacer algo.
Por mi parte tengo un par de ideas (sobre todo 1) que desarrolladas creo que pueden no estar mal. Pero me daría igual ayudar en otros proyectos. La verdad, de lo que tengo ganitas es de hacer algo...
Bueno, a ver si alguien se "atreve" a contestar...
Rafael
P.D: mi correo es rgodax@yahoo.es

miércoles, 31 de enero de 2007

Ciudad próxima: Urbanismo sin género.

Por Zaida Muxí Martínez

Introducción

Los cambios en la economía mundial han incidido sobre la forma y las dinámicas de nuestras ciudades y, también, sobre la variedad de origen y de modos de vida de los que las habitamos. Estas modificaciones nos plantean nuevos retos y paradójicamente la necesidad de retomar otros que se creían superados: el derecho a la ciudad para todas y todos… La compleja realidad urbana que habitamos no debería posibilitarnos el seguir trabajando sólo desde la abstracción del dibujo, desde los conocimientos estrictamente técnico-profesionales, no podemos pretender creer que somos capaces de representar y entender las necesidades de una variedad de gentes y culturas cada vez más diversas.

Y no sólo por la inmigración sino porque cada uno de nosotros ya no se corresponde estrictamente con el patrón ideal que hizo posible la ciudad moderna en la que aun nos basamos en el proyecto de ciudad. Déjenme que me explique: la ciudad actual o tardo-racionalista es la ciudad de las funciones de la Carta de Atenas con un decorado escenográfico que le da diversidad y "diversión", quitándole la solemnidad higienista propia de la modernidad; y a la vez es también una ciudad infinitamente repetida, una igual a otra sin referencias.


Ciudades divertidas: ciudadanas y ciudadanos no contamos sino como consumidores y turistas,ajenos a la vida real y cotidiana.


Se trata de huir de un modelo de ciudad, comenzando por huir del término ya que la idea de modelo comporta la definición de un ejemplo trasladable y repetible, y la ciudad está lejos de poder ser un elemento clónico.

Necesitamos un pensamiento y una práctica urbana de la proximidad, de lo pequeño, no sólo la ciudad del dibujo que es la ciudad de la distancia de un mundo perfecto a la medida de nuestro papel o nuestra pantalla. Se confunden realidades con líneas, sin embargo, la ciudad es la vida cotidiana, el día a día. Las ciudades son cada una única e irrepetible, la ciudad como definición es una asociación de gentes diversas, esta aseveración nunca ha sido tan cierta como a principios del siglo XXI: orígenes diversos, opciones de vidas diversas, intereses diversos… y sin embargo, los "renders" que pretenden ser la realidad anticipada contienen todos los mismos personajes.

Es necesario, por supuesto, tener una idea o proyecto general, global de ciudad, con sus respectivos planos y dibujos, para poder incorporar variaciones y realidades que correspondan a la proximidad y no a la lejanía. La ciudad del príncipe que domina a los otros es la de la maqueta o foto aérea, donde todos y todas somos fichas móviles según el capricho de un juego que juega otro ("El mapa es más puro que el territorio, porque obedece al príncipe", Corboz, 2004). Por ello, aunque se actué circunstancialmente como técnicos - técnicas y como políticos - políticas, no se ha de olvidar que en primer lugar somos ciudadanos y ciudadanas y en tanto que tales hemos de trabajar de manera participativa para proyectar el futuro de nuestras ciudades.

Los retos futuros de las ciudades, tanto aquellos pertenecientes a las demandas de escala global como las de escala local sólo se llevarán a término de manera equilibrada y sostenible, es decir, que perdure y mejore en el futuro al tiempo que se creen nuevos sentidos de pertenencia, si se hace con la participación activa de toda la ciudadanía, políticos- políticas y técnicas-técnicos pero también, y fundamentalmente, las gentes diversas que habitamos las ciudades.

Nombrar la ciudad en femenino

Género es la construcción cultural de roles atribuidos a los sexos, esta construcción asigna espacios y da prioridades. Lo privado y lo público, pares complementarios y a la vez antagónicos. Lo cotidiano es secundario y relativo; el exterior, lo público es principal e importante, por lo tanto solo formulable desde las teorías neutrales, racionales y abstractas, no desde la experiencia. Esta valoración discriminadora tiene su formalización en el orden doméstico y en el orden urbano, dos figuras que son complementarias e inseparables.

Los espacios de poder público son para los hombres. Lo privado, y el interior son femeninos; lo público, el exterior son masculino.

El discurso de género se articula en la aceptación de la estructura patriarcal, de jerarquías y que está garantizada su repetición y perpetuación por el parentesco. Esta escenificación y puesta en práctica de roles tiene dos espacios: la casa y la ciudad. Es necesario desvelar los discursos y significados detrás de las formas.

"(...) Gerda Lerner, por su parte, ha descrito el género como ‘la definición cultural de la conducta definida como apropiada a los sexos en una sociedad dada en una época dada. Género es una serie de roles culturales’. (...) Todo esto quiere decir que lo que conocemos como «hombre» y lo que conocemos como «mujer» no consiste en un conjunto de atributos, en un conjunto de objetos predominantemente naturales, sino que se trata en gran parte de construcciones culturales. (...) Victoria Sau ha definido el patriarcado como ‘una toma de poder histórica por parte de los hombres sobre las mujeres cuyo agente ocasional fue de orden biológico, si bien elevado éste a la categoría política y económica’. (...) en la organización dominante del conocimiento, las mujeres hemos quedado fuera. Porque, tradicionalmente, el sujeto del pensamiento, el sujeto del discurso, el sujeto de la historia, el sujeto del deseo es un ser masculino que se declara universal, que se proclama representante de toda la humanidad. Según el pensamiento de la diferencia sexual, el sujeto del conocimiento no sería un ser neutro universal, sino sexuado; y el conocimiento que ese sujeto pretendidamente universal ha producido a lo largo de la historia sería solamente conocimiento masculino, conocimiento en el que la mujeres no nos reconocemos. Porque, en las sociedades patriarcales, los hombres habrían construido su identidad masculina como única identidad posible, y nos habrían negado a las mujeres una subjetividad propia. De ahí la condena ancestral al silencio. Por tanto, lo que conocemos como femenino en el patriarcado, no sería lo que las mujeres son o han sido en el pasado, sino lo que los hombres —o algunos hombres— han construido para ellas, han dicho que ellas son. Y lo son en relación especular con lo masculino, vacías por tanto de contenidos independientes. Precisamente esta carencia de subjetividad femenina independiente sería necesaria para la perpetuación del patriarcado, para que las mujeres aceptemos nuestra subordinación social en el marco de una familia fundada en el contrato sexual" (Rivera Garreta, María-Milagros, 2003).

El desafío es construir un espacio sin género ni orden patriarcal, por lo tanto, sin jerarquías, un espacio para visibilizar las diferencias, un espacio de todos y todas en igualdad de valoración de miradas, saberes y experiencias. Resignificar la construcción de nuestras ciudades a partir de la experiencia que del mundo tengan hombres y mujeres, dos maneras de enunciar una realidad única.

Se trata de afirmar la experiencia de cuerpos sexuados que signifique el reconocimiento de las diferencias, de la identidad escogida y construida, que será la que posibilite una empatía auténtica con los otros, permitiendo la pertenecía o adscripción a grupos o a conjuntos sociales desde una verdadera sintonía y elección y no desde la imposición de una jerarquía cultural-educacional-social.

La representación histórica, a través de cuadros, y contemporánea, a través de la publicidad, sitúan perfectamente los espacios de influencia asignado a cada género: para los hombres la calle (pensar en la diferente connotación de hombre público, de la calle y mujer pública, de la calle) y para las mujeres un interior controlado.

Las ventanas son el marco a través del cual lo femenino, como modelo cultural y jerárquico, se cuela en el exterior, ventanas reales o metafóricas: vive el exterior a través de las experiencias del hombre de la casa; la calle es observada desde la ventana y desde la televisión viviendo así la mujer una realidad mediada por otros. Siendo ésta una construcción deseada, buscada por las jerarquías dominantes, ya que aunque se desconozca o se niegue la presencia de mujeres en el ámbito exterior, las mujeres han estado y están presentes. Revolucionarias francesas o proletarias del XIX, sólo por citar algunas, también hicieron posible cambios en los que no se les reconoce su participación, sino ¿por qué, por ejemplo, cuesta tanto encontrar una calle con nombre de mujer (que no sea reina o santa), que es una manera directa de reconocer presencia, construir discurso e historia?
Las mujeres han estado presentes activamente en todos los momentos históricamente decisivos de la cultura occidental pero han sido invisibilizadas. Este es un problema aun hoy presente. No se reconoce más que una manera de hacer y explicar las cosas, por lo tanto las mujeres que hayan roto los tabúes y las jerarquías han sido silenciadas, apartadas…
La categoría de análisis más difícil es la categoría mujeres. La teoría de géneros plantea la dificultad de desbrozar qué parte del pensamiento "femenino o de mujeres" es propia y cuál es la que asignan los roles culturales, por tanto patriarcales y jerárquicos…
"Pensar en otros términos plantea el problema de si es posible pensar desde fuera de la cultura, desde fuera del orden simbólico en el que las mujeres hemos sido socializadas, desde fuera del orden patriarcal en este caso. Hay quien sostiene que no, que nada escapa a la marca de la cultura que tenemos, pues es esta la que nos humaniza… hay quien sostiene que es posible un "pensamiento del afuera", fuera del espacio clásico de las representaciones… el pensamiento de las mujeres ha buscado y hallado, sin embargo, siglo tras siglo, (...) pensar en otros términos, pensar fuera del sistema es, pues posible" (Rivera Garreta, 2003).

La experiencia de vivir en la ciudad en un cuerpo sexuado en femenino tiene que ser enunciada y escrita. Nos hemos acostumbrado a asumir que existe un cuerpo de conocimiento neutral que se asocia con saberes técnicos. Y, sin embargo, esta afirmación está lejos de ser cierta, vivimos una sociedad que se ha forjado bajo una visión dominantemente masculina, y un sistema patriarcal de orden simbólico. Hacer visible la diferencia es el primer paso para construir un orden simbólico diferente, en el que las mujeres podamos decirnos desde nuestra experiencia vital.

En el mundo de la posmodernidad, que a mi entender significaría asumir las diferencias, el fin de una única mirada dominante nos ha de posibilitar reivindicar la primera diferencia -hablar de diferencia nunca es hablar de desigualdad- entre el ser hombre y el ser mujer. A partir de construir este mundo dual, a veces complementario, pero esencialmente diferentes, podemos comenzar a pensar en hablar de procesos de igualdad.

"…La experiencia personal, su estatuto de originalidad, está muy desprestigiada en nuestra época, a este desprestigio han contribuido sobre todo el estructuralismo y la crisis de la subjetividad, el desmoronamiento de la identidad estable, todo eso que se suele llamar «la muerte del autor»: un pensamiento que antepone las estructuras del discurso al individuo que habla, acusando de esencialista el recurso a la propia experiencia como justificación de algo. La experiencia femenina personal vive, en cambio, en la práctica política del movimiento de mujeres" (Rivera Garreta, 2003).

Frente a la valoración excesiva del saber racionalizado y hecho universal por el poder se ha de valorar la experiencia real del otro, en este caso la otra. La posibilidad de decirse comienza por poder describir la propia experiencia, por valorar las transmisiones de saberes no reglados y por activar la capacidad crítica desde cada mirada.


Breve reseña de las aportaciones de mujeres al pensamiento urbano.

La invisibilidad de las mujeres no es sólo la de la mujer-persona sino que también lo es, en la formación académica que recibimos técnicos y técnicas del urbanismo, de aquellas que han contribuido y contribuyen al pensamiento de la ciudad.

No es fácil rastrear aportaciones de mujeres, ya que la historia se ha encargado de borrar sus huellas. En este sentido un trabajo encomiable es el que realiza Dolores Hayden (1982) desde hace más de dos décadas, en el que visibiliza las aportaciones de las mujeres pioneras en el pensamiento de la nueva ciudad norteamericana. La oportunidad de un nuevo mundo no se podía dejar pasar, así lo comprendieron muchas mujeres y, también, hombres que participaron conjuntamente en proyectos de nuevas maneras de vivir. Este pensamiento reformista estaba fundamentalmente dirigido al espacio de la casa, a las tareas domésticas. Entendiendo la casa como célula básica del tejido urbano y por lo tanto cambiando ésta podía pensarse una estructura urbana diferente.

Destacan las propuestas de casas sin cocina, que serán una variable imprescindible en todas las propuestas tendientes a una igualdad de oportunidades. Si ciertas actividades fueron extraídas del hogar para mejorar su eficiencia (educación, salud,…), siguiendo los criterios mecanicistas y racionales del XIX, ¿porqué no ha corrido la cocina la misma suerte? (Muxí 2005) Seguramente porque en el alimento se depositan una serie de características simbólicas que no interesa cuestionar, la madre como nutriente biológica, pura naturaleza, sustraída de los valores de conocimiento. Sin embargo, son muchos los ejemplos de barrios y viviendas sin cocinas o con cocinas compartidas, desde su aparición pública en la Exposición Internacional de Chicago de 1893, propuesta por Ellen Swallow Richards. Esta idea de cocina pública y espacios de comer familiares en las casas tendría sus seguidores: en las ciudades jardín de Welwyn y Letchworth se atendió a las particularidades de sus futuros habitantes, proponiendo casas sin cocina, viviendas cooperativas para gente sola y viviendas para los mayores: "El máximo defensor de la vivienda cooperativa en Inglaterra, Ebenezer Howard, admiraba a los reformadores americanos como Edward Bellamy y Marie Howland (...) en 1889 ayudó al British Nationalist Club a preparar los planes para un experimento utópico en Essex, las notas para el diseño de esta colonia, publicada en Nationalization News en 1893, se convirtieron cinco años después en Las ciudades jardín del mañana (...) Howard con sus asociados Raymond Unwin and Barry Parker desarrollaron la Cooperative Quadrangle donde las tareas domesticas eran compartidas por una cooperativa de inquilinos, como la unidad básica residencial de una ideal ciudad jardín..." (Hayden, 1982).
Finalmente, en 1909 Howard pudo realizar en Letchworth la primera ciudad jardín, donde en un comienzo se evitaron las construcciones cooperativas, la construcción de "Homesgarth", treinta y dos apartamentos sin cocina en cooperativa, "enfatizando su innovación como una respuesta pragmática a la cuestión de los sirvientes y a la cuestión de la mujer, cuando se dirigía a clientes de clase media. En 1913, Howard y su mujer se trasladaron a vivir en este conjunto...".
Dolores Hayden también ha trabajado con la memoria de ciudadanas y ciudadanos, nunca tenidos en cuenta, construyendo a partir de trabajos participativos un nuevo paisaje de la memoria en Los Ángeles "The Power of Place". Sus trabajos pioneros muestran que el discurso único no es representativo y significa dominio de unos sobre otros.

En su libro Redesigning the American Dream: The Future of Housing, Work, and Family (1984, 2002) examina cómo las mujeres han sido sistemáticamente excluidas o se las ha hecho sentir inseguras en los ambientes urbanos. Previamente había escrito un ensayo publicado en 1981, "What would a non sexist City Be Like? Speculations on Housing, Urban Design and Human Work", que comienza:

"El lugar de la mujer es en el hogar" ha sido uno de los principios más importantes en el diseño arquitectónico y en la planificación urbana en los Estados Unidos de América durante el último siglo. Un principio más bien implícito que explícito para la profesión del diseño, conservadora y dominada por los hombres (...) esta cuestión ha generado mucho menos debates que otros principios fundamentales de la ciudad americana contemporánea en la era del monopolio capitalista, que incluye la presión destructora de la urbanización de tierras privadas, la dependencia fetichista del vehículo privado, y el uso desmedido de la energía… las mujeres desoyendo esta norma han ingresado en masas en la fuerza laboral pagada. Edificios, barrios, y ciudades diseñadas para mantener en el hogar a las mujeres las constriñen física, social y económicamente. (...) el remedio para esta situación es desarrollar un nuevo paradigma del hogar, del barrio y de la ciudad(...) que deberá soportar más que restringir las actividades de las mujeres trabajadoras y sus familias (...)".

Otra aportación significativa y, posiblemente, más reconocida ha sido la de Jane Jacobs, quien en 1961 escribiera Muerte y vida de las grandes ciudades americanas. Que formaría parte, con toda una serie de escritos aparecidos en esa década, del cuerpo de conocimiento crítico e independiente que marcarían el pensamiento urbanístico que cuestiona la ciudad de la función, la ciudad de la máquina y la ciudad que olvida a sus habitantes.

Otra aportación ya clásica e imprescindible fue la visión aportada por Denise Scott Brown a los trabajos que realizaría en colaboración con Robert Venturi; es especialmente relevante el trabajo que realizaron conjuntamente con Steven Izenour Aprendiendo de Las Vegas (1972). La mirada de Denise Scott Brown más popular, acostumbrada a resaltar las aportaciones de la gente común y encontrar en ello aspectos para aprender se sumaron al conocimiento más clásico y académico de Robert Venturi; la unión de ambas miradas es el sello que signa la ingente producción de este equipo.

La falta de reconocimiento al trabajo compartido llevó a que Denise Scott Brown realizara la siguiente aclaración en el prólogo a la edición de 1977:

"(...) La nota de Robert Ventuuri sobre la autoría de la primera edición, con su reconocimiento de coautores y colaboradores, fue virtualmente ignorada por casi todos los que reseñaron el libro. Los resentimientos personales ante el caballeroso tratamiento a mi aportación y las atribuciones que en general han hecho arquitectos y periodistas me llevaron a analizar la estructura social de la profesión, su dominación por machos de la clase alta y el énfasis de sus miembros en el Star System arquitectónico. El resultado es un articulo titulado "Sexism and the Star System in Architecture" (Venturi, Izenour, Scott Brown,1998).

Una aportación importante a un urbanismo con visión de mujer fue realizada desde la geografía urbana feminista, siendo las precursoras las académicas de Gran Bretaña, haciendo importantes aportaciones que comenzaban con cuestiones derivadas de la propia experiencia:

"Recuerdo con claridad un espectáculo que solía impresionarme mucho cuando tenía nueve o diez años. Yo vivía entonces a las afueras de Manchester, e "ir a la ciudad" era un suceso (...) en el trayecto cruzábamos el valle llano del Río Mersey (...). Toda esa planicie, la extensión entera Manchester, se dividía en campos de fútbol y de rugby (...) se cubría hasta donde alcanzaba la vista de cientos de personas pequeñitas que corrían por todos lados persiguiendo balones (...). Yo no iba a esos campos de juego; parecían estarme vedados, tratarse de otro mundo […] mi pretensión se limita a afirmar que espacio y lugar, los espacios y los lugares, así como el sentido que tenemos de ellos se estructuran recurrentemente sobre la base del género (...) esta estructura genérica del espacio y lugar simultáneamente refleja las maneras como el género se construye y entiende en nuestras sociedades, y tiene efectos sobre ellas" (Massey, 1998).
En territorio español, desde la recuperación de la democracia se ha visibilizado un pensamiento feminista que también ha llegado a la arquitectura y el urbanismo (Bofill, 2005). Antes he de aclarar la peculiar situación que se da en nuestro contexto, ya que a pesar de existir una primera mujer, Matilde Ucelay, egresada de la Escuela de Arquitectura de Madrid antes de la sublevación y posterior guerra civil que llevarían a la dictadura franquista, no será hasta el año 1964 que comenzó, y con cuentagotas, a haber arquitectas egresadas de las escuelas españolas. Este retraso académico ha llevado consigo que la formación de las futuras arquitectas esté signada por la visión masculina y pretendidamente neutral de la enseñanza y por lo tanto de la profesión, llevando a ocultar sensibilidades y miradas no avaladas por la repetición académica.
Aun a riesgo de dejar olvidos, señalaría algunos trabajos y autoras claves en el urbanismo con visión de género en territorio español, dentro de las I Jornadas de Feministas Independientes en 1980, en Barcelona. Anna Bofill propuso en la conferencia Mujer y arquitectura (Bofill 1981) una mirada diferente de las mujeres sobre el entorno, poniendo de manifiesto la relación entre estructura patriarcal y la forma de nuestras ciudades. En 1984, en unas jornadas interdisciplinarias organizadas por el Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid se hace una primera incursión sobre el uso del espacio en la vida cotidiana.
En 1991 la antropóloga Teresa del Valle publica el estudio "Las mujeres en la ciudad, un estudio aplicado a Donostia" y en 1997 "Andamios para una nueva ciudad". En 1995 Isabel Segura publica la Guía de Mujeres de Barcelona, donde se buscan las huellas de los pasos de las mujeres por la ciudad desde la época romana hasta la actualidad, espacios prohibidos y espacios vividos, leyendo la historia urbana desde otro lugar, haciendo visible aquello más allá del monumento, los márgenes de la historia tradicional.

En la década de los noventa se harán encuentros y jornadas en varias ciudades de manera habitual, comenzando en 1997 en Vitoria con "La ciudad con, de, desde, para, según las mujeres". En Madrid la asociación La Mujer Construye organiza en 1997 los primeros "Encuentros de mujeres en arquitectura" que se repetirán cada año. En 1999 en Barcelona se realiza el primer Congreso de las Mujeres de Barcelona, trabajo de participación de los consejos de mujeres de los diez distritos realizándose una ponencia "El espacio urbano, los tiempos y las mujeres" donde se hacen propuestas sobre vivienda, espacio urbano, accesibilidad y seguridad urbana. Este año también se publica por la Fundació Maria Aurèlia Capmany el "Manual de Recomendaciones para la concepción de los aglomerados urbanos desde la perspectiva de género" como resultado del proyecto europeo "Las mujeres y la ciudad" realizado por Anna Bofill, Isabel Segura y Rosa M. Dumenjó.

En el año 2005 se realizaron en Barcelona las I Jornadas Urbanismo y Género, que resultaron de un gran impacto mediático y contaron con la participación de técnicas nacionales y extranjeras de un amplio abanico profesional. La peculiaridad de estas jornadas fue la implicación de diferentes organismos y que su amplia difusión hiciera que no se limitara a un saber entre pocas sino una discusión abierta. Estas jornadas fueron coordinadas por Isabela Velásquez.

Entre otras arquitectas, urbanistas, y profesoras que levantan una voz disidente frente a la neutralidad impuesta destacaría la labor de Inés Sánchez de Madariaga (2004), que ha realizado numerosas investigaciones y escritos en torno a urbanismo y género. También destacan grupos de mujeres que desde una labor técnica y cívica incentivan tanto la participación de las mujeres como el abordaje del tema urbano desde otro punto de vista: Grupo Suburbanas de Sevilla, Rurbanas de Cataluña, Precarias a la Deriva entre otros grupos.


La ciudad del tercer milenio

La mirada de la experiencia femenina sobre la ciudad construida, una mirada crítica que tiende a una adecuación del entorno construido para mejorar la igualdad de oportunidades en el uso y disfrute de la ciudad, tiene que ver en una primera aproximación con hacer visible las necesidades de todos y todas aquellas que no son tenidos ni tenidas en cuenta en el pensamiento dominante. La ciudad se planifica mayoritariamente para un hombre (rol de género y no sexo) de mediana edad, en plenas condiciones físicas, con trabajo estable y bien remunerado que le permite tener coche privado y que tiene en casa una esposa que le aguarda con todo hecho y preparado. Pensemos sino en la proporción de inversión pública ligada a mejoras viarias para vehículos privados (mejora de calzadas, autovías, túneles, rondas…) comparada con la inversión en un trasporte público más eficiente, más detallado, que llegue a más puntos y con mayor frecuencia. La proporción de usuarios de vehículos privados es mayoritariamente masculina y en parte mínima con respecto al total de la población. Queda claro, por lo tanto, para quién se proyecta la ciudad y el territorio.

Las mujeres, por la vivencia de acompañante, asignación ligada al género, solemos destacar las dificultades y necesidades de otros y otras, no la mirada exclusivista ni neutra universal. La mujer como madre, cuidadora, nutridora (nuevamente papeles de género) habla por experiencias compartidas: aceras insuficientes para acompañar a alguien que necesita ayuda, para pasar con carros de bebés o carros de la compra; la iluminación de las calles que continúa primando iluminar la calzada cuando los coches llevan luz en detrimento de la iluminación de la acera. Lo vemos, por ejemplo, en la iluminación con farolas tipo de carretera en calles con aceras arboladas que dejan con poca luz el espacio de peatones. Los transportes públicos siguen primando los traslados obligados, considerando éstos sólo de áreas de residencia a áreas de trabajo y zonas de estudio, sin considerar los traslados –más complejos por lo tanto más difíciles de analizar y responder- de las mujeres, cuyos recorridos no son nunca de punto a punto, sino que son en zigzag, aprovechando el espacio entre actividades para hacer otra. Los caminos escolares están muchas veces llenos de obstáculos, dificultades y peligros, llegando muchas veces al colmo de una escuela sobre una vía más o menos rápida con una acera de 2 o 3 metros. La penalización del peatón es otra queja, ¿cuánto han de andar los peatones para llegar a un paso de cebra? Sabemos que menos semáforos potencian un tráfico más fluido y por lo tanto más rápido, nuevamente nos preguntamos ¿para quién se piensa esta ciudad?
La seguridad y la percepción de la seguridad son muy diferentes para las mujeres que para los hombres, por ello es importante ponerse en nuestra piel a la hora de planificar espacios públicos. Usos, límites, transparencias, visibilidad e iluminación son variables a tener en cuenta según la experiencia de mujeres.

La política del tiempo y los horarios es otra complicación. Compaginar horarios de colegios, actividades extraescolares y un trabajo en la esfera productiva requiere un gran esfuerzo, cuando no la claudicación de las propias aspiraciones personales y profesionales de las mujeres.
Las mujeres reclaman una ciudad compleja y de proximidad, con buen transporte público y en espacios públicos seguros que permitan elegir en libertad el uso que hacemos de la ciudad.
Ahora bien, si hace más de treinta años que la crítica feminista denuncia el sesgo de las políticas urbanas que favorecen a los hombres y a la ciudad funcional, como una estructura que no favorece la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, ¿cómo es posible que aun perviva el pensamiento de la ciudad por partes?
Nuestra sociedad, atontada por imágenes de consumo, se olvida de ver más allá de la superficie, de la piel. Una imagen vale más que mil palabras y, en este caso, de manera negativa. Un "render" con falsos edificios y falsos habitantes son escenografía de discursos vacíos que enmascaran la especulación inmobiliaria, a la cual no le interesa el fin del dominio patriarcal.
Se continúa pensando y proyectando la ciudad en paquetes monofuncionales, aunque se haya cambiado el envoltorio y las razones con que nos son presentadas. Por un lado, tenemos escenografías de casas unifamiliares con jardín, actividades de ocio y diversión para todas y para todos, y por otro se evita el discurso de clase, por lo tanto de reforma social, que había detrás de las propuestas de la primera mitad del siglo XX.

Cómo se pueden entender sino las diferentes ciudades de diferentes cosas que aparecen en las verdaderas ciudades, donde se pervierte el significado en aras de la especialización disfrazada del nombre que significa espacio de y para todos y todas, espacio abierto, diverso y de libertad. Piénsese en Valencia y la llamada Ciudad de las artes y las ciencias se llama ahora a si misma "la ciutat"; en Barcelona la ciudad judicial; en Santiago de Compostela la ciudad de las artes; las ciudades con nombre de club de fútbol…y en Argentina, más concretamente en Buenos Aires, Nordelta la ciudad-pueblo, la ciudad privada, términos incompatibles y antagónicos formando un nuevo monstruo de segregación y fragmentación.

Solamente una imagen: autopistas, viviendas adosadas sin equipamientos educativos, sanitarios, culturales ni tampoco comercio, áreas de naves industriales, y entre ellos terrenos yermos … este es el paisaje de la ciudad (a veces llamada ciudad territorio, para disminuir el impacto negativo de decirle no-ciudad o suburbio sin atributos) que estamos construyendo sobre el territorio. Además del insostenible modelo de crecimiento dependiente ¿cómo se imaginan las vidas de estos habitantes quienes planifican?, ¿cuántos autos hay por vivienda? ¿cómo se compagina tener hijos y trabajar?, ¿cómo se compagina hacer las tareas domésticas y trabajar en la esfera productiva…?, en definitiva ¿qué vida es posible en este mosaico infinito de fragmentos inconexos?
Todo ello no parece importar a quienes dibujan esos falsos paraísos de las ciudades globales. Ciudades que necesitan mostrarse siempre nuevas, relucientes, y divertidas, ser espacios para la diversión y el "dolce far niente"; se pretende esconder y prohibir todas aquellas actividades y personas que no son decorativas, que pongan en entredicho tal espejismo.

La ciudad tardoracionalista (Montaner-Muxí, 2001) no deja de ser una repetición pervertida de la ciudad moderna, que aun podía entenderse bajo un ideal de igualdad universal para todas las clases, aunque su realización lejos haya estado de este ideal. La ciudad por partes, la ciudad de las funciones segregadas ha degenerado en una ciudad triplemente segregada por funciones, clase y género.

Mientras existan dos esferas de trabajo, uno remunerado, reconocido y visible y otro no remunerado, no reconocido e invisible no podremos hablar de un nuevo orden simbólico; en la base de una división de tareas injusta y no reconocida está el sistema jerárquico patriarcal, sea el sexo que sea el que asuma cada rol de género.

ZMM

La autora es doctora arquitecta, profesora del departamento de urbanismo y ordenación del territorio de la ETSA, Barcelona.
De la autora, ver también su nota Ciudades: lugar social o financiero y la entrevista Buenos Aires en los `90 y otras consecuencias de la ciudad global, en los números 15 y 24, respectivamente, de café de las ciudades.
Sobre las I Jornadas de Urbanismo y Genero, ver la nota La casa sin género es la casa del género, de Adriana Ciocoletto, en el número 32 de café de las ciudades.
Nombrar la ciudad en femenino:
Titulo tomado del libro de Rivera Garretas, María-Milagros Nombrar el mundo en femenino. Pensamiento de mujeres y teoría feminista. Barcelona: Ed. Icaria, 2003 (1ed. 1994). Y explicado por ella de la siguiente manera: "Nombrar el mundo en femenino se refiere a la obra de reconocimiento y de creación de significado de las relaciones sociales hecha a lo largo del tiempo por mujeres. A esta obra de creación de significado, de reconocimiento del sentido del mundo en que vivimos, se le llama hoy día hacer orden simbólico. No es, sin embargo, un proyecto del siglo XX. Pienso que en todas las épocas de la historia ha habido mujeres que han vivido y han dicho el mundo en femenino desde su experiencia personal. Unas, las genias, como Eloísa, Margarita Porete, Teresa de Cartagena, Teresa de Jesús. Virginia Woolf o María Zambrano nombraron el mundo a lo grande, acertando a consumar con su vida y su escritura una revolución, una revolución simbólica, que logro captar el sentido nuevo y clave de toda una época, su verdad particular…" (yo aquí añadiría a Christine de Pizan, Mary Wollstonecraft, Flora Tristán, y muchas que seguro olvidamos…; nótese a modo de ejemplo casual que en el corrector del programa Microsoft Word la palabra genia no figura, si haciéndolo la palabra genio).
ZMM

Notas bibliográficas
Bofill Levi, Anna "Dona i habitatge" en Quaderns d’alliberament nº 6, Barcelona: La Magrana, 1981.
Bofill Levi, Anna. Planejament urbanístic, espais urbans i espais interiors des de la perspectiva de les dones. Quaderns de l’Institut. Barcelona: Institut Català de les Dones – Departament de Política Territorial i Obres Publiques, 2005.
Corboz, Andre "El territorio como palimpsesto" en Martín Ramos, Ángel, ed. Lo urbano en 20 autores contemporáneos. Barcelona: Edicions UPC, 2004.
Hayden, Dolores The Grand Domestic Revolution: a History of Feminist Designs for Americans Homes, Neighborhoods , and Cities. Cambridge, Massachusetts and London, England: The MIT Press, 1982.
Massey, Doreen Space, Place and Gender. Cambridge: Polity Press,1994. Traducción tomada de revista Debate feminista, año 9, volumen 17, abril 1998.
Montaner, Josep Maria – MUXÍ, Zaida "La ciudad tardoracionalista" Revista Arquitextos Nº 13, 2001, Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Ricardo Palma, Lima, Perú.
Muxí Martínez, Zaida "Mujeres y arquitectura: teoría y práctica de la vivienda" Revista Arquitectura COAM 340, Madrid, 2T 2005.
Rivera Garreta, María-Milagros Nombrar el mundo en femenino. Pensamiento de mujeres y teoría feminista. Barcelona: Ed. Icaria, 2003 (1ed. 1994).
Venturi, R ; Izenour, S.; Scott Brown, D. Aprendiendo de Las Vegas. El simbolismo olvidado de la forma arquitectónica. Prólogo a la edición revisada de 1977. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, GG Reprints, 1998.
Sánchez De Madariaga, I; Bruquetas Callejo, M; Ruiz Sánchez, J. Ciudades para las personas. Género y urbanismo: estado de la cuestión. Madrid: Instituto de la Mujer, 2004.

Locus sexualis: Algunas notas sobre el espacio público, el arte y lo queer



Juan Vicente Aliaga


Todos los indicios así lo apuntan. Tanto los informes demográficos como la evolución de los procesos económicos y, cómo no, los estudios arquitectónicos y urbanísticos, coinciden en asegurar que en los próximos años, incluso décadas, la concentración de población en grandes núcleos urbanos aumentará, hasta el punto de que el concepto de megalópolis será más habitual de lo que es ahora, y no se referirá solamente a ciudades de países en vías de desarrollo. Vivir en la ciudad será sinónimo de vivir tout court, aunque queden todavía algunos reductos y enclaves rurales, convertidos sobre todo en lugares de esparcimiento y de recreo de los urbanitas.

Durante mucho tiempo, desde la perspectiva de un/a habitante del campo o de un pueblo pequeño el hecho de trasladarse a la ciudad, sobre todo si ésta conllevaba cierta aura, equivalía no sólo a encontrar mayores posibilidades de empleo, sino también a disfrutar de una libertad que el mundo rural impedía con su red asfixiante de relaciones humanas controladoras, en las que no había apenas sitio para la singularidad y la diferencia, a menos que uno quisiera arriesgarse a ser señalado con el dedo acusador. La canción de Bronski Beat, Small Town Boy (1984) lo expresa con claridad:
Pushed around and kicked around
Always a lonely boy
You were the one
That they talk about around town
As they put you down
(Empujado y pateado
siempre un chico solitario
Era ése del que siempre
Hablaban en el pueblo
Mientras te humillaban)

Las grandes urbes, tanto en Occidente como en otras geografías del planeta (Mumbai, Pekín…), con el permiso del sistema, del orden político y de las costumbres tradicionales, eran refugio para sujetos disconformes con las normas establecidas, al amparo del anonimato y la invisibilidad que facilita la vida en las ciudades. Este nuevo vivir aparentemente sin ataduras ha hecho aflorar prácticas y comportamientos que el orden fálico, básicamente heterosexista, amén de machista, no consiente. Dicho esto conviene evitar la idealización y magnificación de la vida urbana, pues ésta se asienta en la diseminación y articulación de un conjunto de intereses y de estructuras económicas y políticas que influyen sobremanera en las actividades que el sujeto contemporáneo lleva a cabo en la ciudad. Así, conceptos como rentabilidad, provecho, racionalidad están presentes en los agentes modificadores del espacio, los promotores, los constructores, los cartógrafos de los barrios, los ediles que tienen en mente el modelo estereotipado de la familia nuclear en el universo capitalista, a pesar de que sobre todo en las últimas décadas, en el contexto occidental, las formas de convivencia se hayan diversificado. Y por tanto las viviendas ya no estén sólo compuestas de padre y madre y su respectiva progenie. Las hay de hombres solos, de mujeres que viven por su cuenta, de madres solteras con hijos, de grupos de amigos, de dos mujeres con hijos, entre otras posibilidades. Si esta diversidad es real en el espacio privado de la morada ¿se puede afirmar que se produce algo semejante en las calles, plazas, parques, estaciones, centros comerciales, el metro, los supermercados, los museos, o sigue imponiéndose una reglamentación ortodoxa en el tejido público? ¿Y cómo visualizarlo a riesgo de enfrentarse a las reglas y sujeciones normativas?

Antes de reflexionar sobre cuestiones de género y de sexualidad desde una perspectiva queer en el espacio urbano y en el arte reciente, propongo, a modo de indicio síntomático, un paseo por la ciudad. No lo hago con una intención estadística ni con un afán imbuido de rigor científico o sociológico, sino más bien inducido por las ideas situacionistas de la deriva. Tras este deambular, digamos vespertino, por una ciudad occidental (un barrio de clase media) en este caso Valencia, que no alcanza el millón de habitantes, se puede constatar –soy consciente de que existen variables y condicionantes debidos a la clase social predominante en la zona recorrida, a los patrones culturales, religiosos, al clima, a las dimensiones de la urbe, a la franja horaria escogida, el periodo temporal elegido (día, noche, entre semana, mes vacacional o no)- que , como anticipara Michel Foucault, la organización y la disciplinarización de los cuerpos y de los deseos es omnipresente. Se da mediante el desempeño de tareas y funciones – con una fuerte marca de género-, y es un hecho indiscutible en las sociedades modernas globalizadas.

Pondré algunos ejemplos de azarosos encuentros callejeros producidos entre las 17 y las 20 horas de un día laborable de septiembre en la ciudad de Valencia: la presencia masiva de madres y abuelas que aguardan la salida de los niños de la escuela; la escasa visibilidad de hombres entre los usuarios de un supermercado; la ausencia total de operarias en las cuatro solares en obras por cuyos aledaños anduve; y por citar algún ejemplo de un orden improductivo, en el buen sentido de la palabra, es decir placentero y gozoso, la circulación de algunas parejas heterosexuales cogidas de la mano que se hacían, de vez en cuando, algún arrumaco y/o zalemas.

Insisto en que el fruto de la observación de estas experiencias humanas urbanas carece de una metodología y una exactitud sociológicas, aunque las actividades reseñadas, sin ser del todo fortuitas (las costumbres y los hábitos, como diría Pierre Bourdieu, obedecen a razones, constricciones sociales y económicas y a reglas que parecen inconscientes, aunque subyazca a las mismas un sentido) sí contienen cierto grado de azar. Sin embargo, lo que me importa aquí resaltar es que las mencionadas constataciones son extrapolables a la mayoría inmensa de ciudades occidentales desde Roma a Estocolmo, pasando por Monterrey y Londres, con sus disimilitudes de toda laya, aunque en lo primordial las experiencias relatadas sean del mismo tenor. La divisoria de género es ley a pesar del considerable avance del feminismo y de las conquistas del movimiento LGBT (lésbico, gay, bisexual, transexual).

Desde finales de los sesenta y a lo largo de los años setenta -las universidades de Cornell y San Diego en Estados Unidos fueron las pioneras-, con los primeros cursos sobre la historia de las mujeres, posteriormente denominados estudios feministas, el género empezó a ser una categoría gnoseológica de la que se oía hablar en los campus universitarios. Mediante dicho concepto se evitaba caer en el peligro y en el error de que los comportamientos de hombres y mujeres se percibieran como anclados en la naturaleza, en la anatomía, en los genes, es decir, que eran inamovibles y esenciales a la condición humana. Es sabido que esta concepción, a pesar de ser falsa, está profundamente arraigada en la sociedad. Según investigadoras como Gayle Rubin y muchas otras más, las normas que rigen lo que entendemos por feminidad y masculinidad obedecen a condicionamiento sociales y simbólicos de los que resulta difícil deshacerse. También sabemos que la idea consuetudinaria o no de feminidad es detectable en algunos hombres y la de masculinidad en algunas mujeres, y que los roles y valores de género son conceptos contingentes, cambiantes, con distintas plasmaciones según las culturas y la historia. Ulteriores reflexiones, en particular las aportadas por Pierre Bourdieu y Judith Butler, aun manteniendo posiciones diferentes, incluso encontradas en algunos aspectos, insisten en el carácter estructural y transversal del género y, en particular Butler, en el componente performativo del género que puede ser parodiado e imitado. La propuesta revolucionaria de Butler presupone la ausencia de una supuesta originalidad y verdad indiscutible de las categorías de mujer y de hombre. No se nace mujer u hombre, se aprende a hacer de mujer u hombre (una idea procedente de Simone de Beauvoir, aunque modificada). Es decir, si el sujeto mujer carece de valores inherentes al mismo, e igualmente esto sucede con el sujeto hombre, todo esa larga retahíla de actos, conductas, comportamientos, gestos, movimientos, actitudes que se adscriben a lo femenino y a lo masculino no son esencias propias a esos géneros sino copias, remedos, imitaciones, simulaciones de un ideal de feminidad y de masculinidad, laboriosamente construido en la historia y en la sociedad, que es sin embargo reversible, modificable, subvertible. Por esa regla de tres la distinta ocupación del espacio social de hombres y mujeres también es susceptible de cambio y ello es comprobable a medida que el feminismo ha puesto el dedo en la llaga criticando la feminización de determinadas tareas y funciones y la demarcación entre lo público y lo privado. Todavía hoy, y me remito al azaroso ejemplo citado, si las mujeres son las usuarias más habituales de determinados espacios, verbigracia los supermercados, y son quienes aguardan a los hijos a la salida del colegio es porque la igualdad está lejos de haberse logrado puesto que determinadas actividades están marcadas claramente por constricciones de género desde la “avanzada” Suecia al “atrasado” México, con todas las comillas que se le quieren poner a esos incompletos y prejuiciados epítetos. En nuestro ámbito cultural el estudio de las relaciones entre género y espacio está echando a andar. Además del trabajo de Beatriz Colomina, Sexualitat i Espai (1997) y Doble Exposición. Arquitectura a través del arte (2006), sobresalen el catálogo The Gendered City. Espacio urbano y construcción de género, a cargo de William James y Ana Navarrete (2004) y el ensayo Políticas del espacio. Arquitectura, género y control social (2005) de José Miguel G. Cortés. Aun siendo destacable este bagaje parece oportuno referirse también a ensayos publicados en otros lares, que han precedido a las aportaciones mencionadas, para conocer cómo las distintas prácticas artísticas han incorporado el género y la sexualidad. En ese sentido resulta inevitable aludir a las investigaciones de Joel Sanders, autor de Stud. Architectures of Masculinity (1996) y a las de Aaron Betsky: Building Sex: Men, Women, Architecture and the Construction of Sexuality (1997) y Queer Space: The Spaces of Same Sex Desire (1997).

Sin ánimo de exhaustividad, pretensión que seria absurda en un terreno todavía poco explorado, trataré de volcarme en algunas producciones artísticas de la última década centradas en planteamientos sobre la sexualidad homosexual y lésbica que suponen un cuestionamiento del uso normativo del espacio público y que escapan a las reglamentaciones de las identidades fijas, además de suponer una alteración de los usos espaciales de consuetudinaria carga heterosexista.
Una pregunta parece pedir paso: ¿Qué es un espacio queer? ¿es simplemente un espacio abierto, sin obstáculos o un lugar ambiguo, indeterminado de usos polimorfos? La pregunta encierra un contrasentido pues la teoría queer (Butler, desde luego, pero no sólo ella) rechaza las etiquetas y las clasificaciones considerando que éstas pueden acarrear un inconveniente: la consolidación de las identidades que de facto tratan de erosionar. Hecha esta advertencia acudo a Aarón Betsky para traer a colación que el uso que él asigna al queer space gira en torno a la actividad sexual desarrollada en lugares públicos por hombres atraídos por otros hombres, al margen de su identidad sexual. En esa línea se puede decir que Betsky reduce lo queer a un aspecto, importante sin duda, pero no el único. Dicho esto, no puede orillarse que en la historia reciente en que se inscribe la circulación de lo queer, desde inicios de los noventa, gran parte del contingente queer proceda de las filas compuestas de activistas lesbianas, gays, bisexuales y trans, incómodos con la comercialización y despolitización de la mayoría gay y con las rigideces asociadas a una identidad gay únivoca cuya meta sería la consecución del derecho al matrimonio y a la respetabilidad. Esto no significa que no hubiera heterosexuales entre los círculos mencionados (Eve Kosofsky Sedgwick es un ejemplo) pero no abundaban. De lo que se deduce que las divisorias y normas de género aplicadas a las orientaciones sexuales están lejos de haber desaparecido e influyen sobremanera en las percepciones entre sectores e individuos. Sin embargo, uno de los propósitos del pensamiento queer radica en disolver los prejuicios que separan a los sujetos en función de roles de género y de normas fijadas desde el heterosexismo y otras exclusiones que puedan producirse (misoginia, homofobia, heterofobia, androfobia, transfobia).

La dificultad de encontrar producciones artísticas que inciden en la existencia de realidades queer en donde la mezcla y la hibridación predominen es obvia. Obedece en parte a que en la vida cotidiana todavía están separados, como en compartimentos estancos, los lugares en donde la mayoría heterosexual y las minorías se encuentran. Ver a dos chicas dándose un efusivo beso en un bar de barriada de cualquier ciudad española es tan raro como encontrar un esquimal en el Amazonas.

Las barreras entre la mayoría heterosexual y otras formas de orientación sexual son obvias: ¿por qué si no se han puesto en pie las asociaciones denominadas Gay-Straight Alliance, sobre todo en los institutos estadounidenses? Para fomentar un entendimiento entre comunidades y a la par generar una erosión de los estereotipos y prejuicios que existen, además de la violencia homófoba, entre los y las adolescentes.

Mención aparte merecen las fotografías tomadas por Del LaGrace Volcano que muestran, en privado, las relaciones sexuales entre un grupo de amigos de lesbianas y gays que practican sexo entre sí, dándose en realidad a placeres y juegos que son heterosexuales, sin buscar afianzar una identidad pues de alguna manera las bolleras no dejan de serlo y los maricas tampoco. Véase al respecto Brian, Kay, Mike and Lezan, que integran Ars Poetica, 1993[1].

El trabajo de Del LaGrace Volcano es claramente excepcional (otro raro de este club selecto sería el fotógrafo Michael A. Rosen), pues su mirada se posa en el ámbito cerrado de la intimidad, desvelada en forma de libro. En lo que se refiere a prácticas sexuales heterodoxas en el espacio urbano (en sus distintas dimensiones y facetas) la escasez abunda pues el dogma y la moral mayoritarias proscriben el sexo en la vía pública. Incluso las muestras suaves y bien vistas (vanilla sex, lo llaman los anglosajones) están sobre todo adscritas a la heterosexualidad (besos, caricias, abrazos) salvo las que pueden ejercer gays, lesbianas, trans y personas intersexo (uno de los colectivos más marginados) en zonas acotadas, llámese barrios rosa (Marais, Soho, Chueca, Gaixample, Schöneberg, Chelsea), que a veces se ven saludablemente desbordados fuera de sus lindes por los más audaces. La mayoría de los ejemplos en que voy a centrar el tramo final de mi texto tienen a los parques como espacio privilegiado de encuentros furtivos, y de sexo orgiástico que contraviene la imagen idílica del soso locus amoenus por el que pasean las familias (las convencionales y otras) y los jóvenes y maduros corretean ejercitando sus cuerpos. Frente a esa concepción emerge el locus sexualis.

Empiezo este recorrido sobre el ligue o cruising en el espacio público ateniéndome a un orden cronológico. Tom Burr, artista norteamericano, estudió un locus sexualis ubicado en la Platzspitz, conocido como Zuri-Park en Zúrich en los 1970, una zona convertida en un enclave de vida gay, de vegetación frondosa que alentaba los encuentros discretos. El ayuntamiento adoptó medidas disuasorias e instaló farolas para que la luz ahuyentase a los sodomitas. Redujo además la espesura de las matas con lo que el lugar perdió rápidamente su uso sicalíptico.

Lo que Burr presentó en 1995 Circa 1977. Platzspitz. Park Installation es un segmento de parque encima de un pedestal o tarima cuadrangular, lo que transmitía la sensación de haber sido museificado, petrificado como un mausoleo. La tranche de vie sexual, tras la intervención punitiva de la administración municipal, -parece proponer Burr- se ha convertido en una estructura más del orden impuesto.

En 1993, Burr, con motivo del festival de arte Sonsbeek, que tuvo lugar en la ciudad holandesa de Arnhem, realizó una instalación en la que valoraba la existencia de la actividad sexual de quienes pasean por la zona conocida como The Rambles, en Central Park, en Nueva York. La instalación consistente en una plataforma era una reproducción en pequeño del diseño paisajístico concebido por Frederick Law Olmstead en el siglo XIX para esa sección del parque. Burr, junto a las cartelas con información sobre las especies botánicas, añadió datos relativos a la intensa vida sexual de The Rambles. La ubicación de la plataforma junto a un bosque de Arnhem frecuentado por gays y hombres casados permitía establecer un ligamen entre dos ciudades, dos continentes trabados por unos comportamientos contrarios a las normas puritanas.

Otro artista, el murciano Jesús Martínez Oliva concibió en 2001 Paisajes, ampliando la dimensión internacional del ligue entre varones. Una de las diferencias principales respecto del proyecto de Burr estriba en la presencia humana aquí representada por una serie de usuarios y frecuentadores de zonas de ligue que, a preguntas del artista, reflexionaron sobre los motivos que les inducen a practicar sexo en determinados parques. El resultado final de Paisajes se materializa en la yuxtaposición de fotografías de gran formato que muestran fragmentos de distintas zonas verdes (Londres, Liverpool, Madrid, Barcelona, Valencia, Ibiza). Se trata de fotos aparentemente neutras, de tomas descriptivas, documentales de terrenos abiertos, de playas, de matorrales sin presencia humana visible (con la salvedad de una foto en la que se perciben pañuelos en el suelo con obvias connotaciones higiénicas). Junto a las fotografías el público, provisto de cascos, puede escuchar las revelaciones y confesiones grabadas de algunos hombres cuya identidad queda en el anonimato. Lo que da medida de que determinadas pasiones están todavía muy mal vistas socialmente, incluso en algunos sectores de la comunidad homo.
El propio artista reflexiona sobre el refocilamiento en los parques:

“Uno de los atractivos de las zonas de cruising es ese escape de los espacios racionales y aceptables socialmente. La pasión del momento es una defensa contra las presiones del mundo. Aunque el cruiser se coloca en una posición vulnerable al bajarse los pantalones detrás de unos arbustos o al exhibirse delante de otro hombre, esta experiencia le hace escapar momentáneamente de la realidad material. La propia peligrosidad (arresto, agresiones homófobas, robos…) ha sido señalada como un ingrediente importante. Estos espacios crean una clara conciencia de tu propio cuerpo y de lo que lo rodea, en la que se superponen y solapan escapismo y autoconciencia”[2].

Con unas premisas distintas la pareja formada por Michael Elmgreen e Ingar Dragset concibieron Cruising Pavillion, 1998, que forma parte de sus Powerless Structures y que consistió en instalar un cubículo blanco, minimalista en cuyo interior se podía en principio practica sexo. El pabellón se ubicó en un parque (su intención es pervertir la rigidez y aparente neutralidad del minimalismo, además de huir de la asociación entre homosexualidad y estética pop, chillona). En The Brightness of Shady Lives, de 2005, una instalación de galería, compuesta de una repisa corrida sobre la que descansan fotografías de formato familiar como las que puede haber en cualquier casa, la pareja incide en otro tipo de vida familiar extendida pues las imágenes corresponden a locales y establecimientos gays de Berlín, Madrid, Copenhague, amén de retratos de amigos y escenas festivas: unas vidas poco convencionales, ajenas a la ortodoxia de la familia nuclear y que incluye fragmentos de realidades urbanas y sociales.
Paso ahora de los parques a los urinarios. El colombiano, afincado en Londres, Fernando Arias realizó recientemente un vídeo titulado ‘Public Inconvenience’[3], 2006, en donde aborda el tema del cottaging (el ligue en los mingitorios) de larga tradición británica. El vídeo traduce un mundo que adquirió relieve literario con los relatos del dramaturgo Joe Orton y que prácticamente ha desaparecido de la capital británica donde se han cerrado la mayoría de urinarios, o se han introducido reformas para dificultar el encuentro sexual, además de incrementar la vigilancia. Sobre este mismo asunto, aunque con interferencias personales, gira el vídeo musical de George Michael, Outside, que parte de su detención en 1998 a manos de un policía que le tendió una trampa en unas letrinas de Los Ángeles. Asimismo, anteriormente, la compañía de danza DV8 Physical Theatre concibió en 1993 MSM ubicando la acción en unas meaderas. El cartel que anunciaba el espectáculo no podía ser más sugerente: un primer plano de dos manos bajo el chorro de un urinario: una de ellas sujeta a otra adornada por un anillo matrimonial. Y es que como comentó Laud Humphreys en su Tearoom Trade “uno podría esperar que los hombres que se enzarzaban en intercambios sexuales anónimos en retretes fueran solitarios, socialmente alienados, solteros y probablemente homosexuales mayores. De hecho parece que la mayoría están casados y son predominantemente heterosexuales”[4].

En estos loci las identidades se diluyen, y parecen pasar a un segundo plano, pues quienes los frecuentan provienen de esferas muy diferentes: estudiantes, albañiles, oficinistas, curas, militares, futbolistas, solteros, casados, militantes de izquierda, políticos de derechas…
Hasta el momento hemos visto tentativas de reflexión sobre espacios sexualizados concretos sin llegar a la aspiración desmedida del artista de origen pakistaní residente en Holanda, Tariq Alvi que propuso homosexualizar toda la urbe. Así en 1996 eligió cinco ciudades con grandes barrios gays: Los Angeles, Ámsterdam, Sydney, Nueva York y San Francisco y coloreó los mapas correspondientes, modificando la estructura formal de las calles y de las manzanas en un diseño desenfadado. De alguna manera la idea se inspiró en los planos incluidos en la guía gay Spartacus, que haciendo caso omiso de la omnipresente visibilidad heterosexista, pretende dar a conocer, etiquetando, el tipo de comportamiento homo que puede encontrarse en distintos establecimientos o lugares al aire libre, además de en las zonas gays. Unos barrios cuestionados en la instalación de Cabello/Carceller titulada Se vende (2003). En el escaparate de un comercio de la calle Fuencarral, emporio de las tiendas de ropa para jóvenes, y sita en el barrio de Chueca, cerca de la Gran Vía, las artistas dispusieron un monitor en el que aparecía la bandera del arcoiris y, sobreimpuesta, la frase del título: ¿Están en venta las señas de identidad de una comunidad conocida por su rebeldía? ¿Se ha transformado esa irreverencia en mero consumismo, como han criticado los sectores queer? En este proyecto Cabello/Carceller se separan del predominante sesgo sexual de las propuestas hasta ahora presentadas.
La mirada de los artistas nombrados gira en torno a espacios en donde se practica sexo, pervirtiendo la función tradicional para la que han sido concebidos en Occidente, sin embargo el contacto ilícito, desde una perspectiva censora y puritana también aflora en otras lugares, aparentemente menos propicios como pueden ser los centros comerciales, incluso en país con un historial indigno, incluso abiertamente represivo contra la homosexualidad, como es el caso de Arabia Saudí. En este país donde las mujeres no pueden transitar por la calle si no van acompañadas de un hombre que las tutele y vigile, y en donde el contacto físico entre hombres y mujeres heterosexuales está prohibido, el dominio masculino encubre deseos que la ley coránica no admite. De hecho en algunas calles de Riad, en noche cerrada, el ligue entre varones tiene en el coche un espacio de privacidad[5], a veces reprimido en las redadas policiales.
No hay, que se sepa, una producción artística que haya investigado esta cuestión. Es un tema totalmente tabú. Invisible, prohibido, irrepresentable, al menos en ese y en otros países islámicos.

La extensión del cruising indebido ha sido objeto de la atención de la artista canaria Carmela García. En su serie de fotografías, Chicas, deseo y ficción (2001) ha sido ella quien ha ampliado el horizonte del deseo en la vía pública, hasta ahora reducido a parques y urinarios, diversificando las opciones, extendiendo las posibilidades, habitando toda la urbe. En este caso, y es relevante subrayarlo, mediante la interacción visual, ocular de mujeres que desean a otras mujeres. Así en la propuesta utópica de Carmela García –se desconoce la existencia del ligue lésbico en el espacio público, salvo quizá en el silencio de algunas bibliotecas- no hay barreras ni impedimentos arquitectónicos, urbanísticos o morales y el deseo fluye en la vía pública, en el Retiro madrileño, junto al Palacio de Cristal, en un vestuario, al lado del pretil de un puente, en un cala, en la misma calle. Miradas directas, vicarias, tímidas, aguerridas: un calidoscopio de juegos visuales desiderantes. Es este un buen ejemplo en el que puede decirse sin ambages que el arte crea realidad, adelantándose a la misma.

¿Son queer las manifestaciones artísticas aquí analizadas? Más que buscar una etiqueta, una adjetivación clasificadora, creo que los ejemplos mencionados tienen como común denominador el hecho de subvertir el uso convencional, utilitario, funcional de algunos lugares públicos (parques, urinarios, calles), erotizando, sexualizando la esfera urbana. Y favoreciendo una concepción de la existencia en la que el placer corporal y el deseo pasa por encima de la rentabilidad rutinaria del yugo fálico.

[1] Del LaGrace Volcano, Sublime Mutations, Tübingen, konkursbuchverlag, 2000.
[2] Jesús Martínez Oliva, “Usos y apropiaciones queer del espacio: de las zonas de cruising a los barrios gays comerciales” en The Gendered City. Espacio urbano y construcción de género, (ed. William James y Ana Navarrete), Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. Cuenca, 2004, 57.
[3] Este vídeo se presentó en la exposición Glory Hole, que tuvo lugar en Londres, en julio de 2006 en The Architecture Foundation’s Yard Gallery, como una parte de la serie de actos englobados en Renegade City. La exposición que exploraba el lugar de la homosexualidad en el espacio público fue comisariada por pablo international magazine. Los artistas incluidos fueron: Guilherme Altmayer (Brasil/UK),
Fernando Arias (Colombia/UK), assume vivid astro focus (international), Gil Doron (Israel/UK), Dino Dinco (USA), Elmgreen and Dragset (Dinamarca/Noruega/Berlín),
No Bra Alemania/UK), Giles Round (UK), Dean Sameshima (USA) y Donald Urquhart (UK).

[4] Laud Humphrey, “Tearoom Trade: Impersonal Sex in Public Spaces” (1970), en William L. Leap, Public Sex, Gay Space, Nueva York, Columbia University Press, 1999, pp. 29-54.
[5] Brian Whitaker, Unspeakable Love. Gay and Lesbian Life in the Middle East, Londres, Saqi, 2006, p. 55-56.

lunes, 29 de enero de 2007

Santiago Múltiple


As cidades non son un mero escenario no que de cando en vez acontecen os máis diversos sucesos, senón o resultado conxunto da acción e do discurso dos diferentes sectores sociais que nelas conviven. Son unha forma de representación que se compón de imaxes e textos, unha creación cultural na que se expresan valores ideolóxicos e normas de comportamento que a dotan de significados que determinan quen pertence a un lugar e quen queda excluído. A estrutura da cidade axuda a organizar as relacións familiares, sexuais ou sociais e coproduce o contexto no cal as regras se interiorizan en hábitos para asegurar a conformidade social. Mediante as formas arquitectónicas estendemos os nosos corpos, prolongamos as nosas peles, dilatamos os nosos desexos e facémonos máis conscientes da nosa corporeidade.


Os espazos non son algo inerte, senón lugares cambiantes e significativos na construción da identidade. Tampouco posúen significados inherentes a eles; ao contrario estes veñen dados polas actividades que neles se desenvolven. A cidade é un conxunto de identidades que se suman, se confrontan ou viven máis ou menos illadas unhas doutras. Por iso, cos nosos actos, podemos favorecer a creación de espazos excluíntes ou convivenciais e alentar a complicidade entre as diferentes realidades coexistentes ou xerar illamento e exclusión. É necesario reinterpretar o espazo construído e, máis que da cidade, cómpre falar das diferentes cidades que existen en cada unha delas, diferentes según as diferencias sociais, culturais ou sexuais das persoas que as habitan.

Evidentemente, a cidade é o construído, o máis obxectivo e visible, pero tamén é o constituído polos usos sociais, as normas e as institucións. Por exemplo, a casa, pode ser un lugar seguro, un espazo onde esconderse ou unha trampa; as rúas e os parques, que para algúns son espazos de liberación e descubrimento, para outras poden resultar lugares inaccesibles ou perigosos. Por iso, deberiamos ser conscientes de que non viven o espazo doméstico do mesmo xeito –nin habitan a mesma cidade– un mozo sen emprego e un empresario, un home e unha muller, un europeo e un inmigrante, un matrimonio con fillos e un gay ou unha lesbiana, cadaquén leva aparellado un conxunto de aspectos que condicionan as súas vivencias sociais e persoais. É, por tanto, a suma de todas esas posibles cidades en pugna o que conformaa cidade en que vivimos. É preciso facer visibles os sectores desposuídos e entender os espazos públicos como unha oportunidade para crear espazos de mestura multifacética da diversa realidade cidadá.Este seminario busca o cuestionamento dos espazos e das identidades, da arquitectura e dos xéneros, pois entende que unha das tarefas pendentes na cidade é a reinvención das relacións e do erotismo nas súas rúas para convertela nun lugar de visibilidade e sentido, pero tamén de misterio e transgresión.

Cuestionando as categorías do inmutable e do normativo póñense en dúbida as relacións entre o público e o privado, o político e o persoal, o interior e o exterior. Este é un seminario que desexa incidir no lúdico, na capacidade de xogar, e que valora a ironía e o humor como factores transgresores do correcto.Un proxecto que potencia e valora os territorios plurais e variados que conformano cotián e configuran a micropolítica do poder.

José Miguel G. Cortés